viernes, 28 de julio de 2017

SPIDER-MAN HOMECOMING: MI CRÍTICA DE LA PELÍCULA


Acabo de ver Spider-Man Homecoming. Y después de tanto tiempo esperándola, he de reconocer, con no poco pesar, que no alcanzó mis expectativas. Salí del cine con una sensación agridulce, e incluso, para ser exactos, confesaré que más agria que dulce. Un sentimiento que (salvo cuando estrenaron el fallido Spider-Man 3 de Sam Raimi) ningún otro film arácnido me había provocado antes.

Y os pido que no me malinterpretéis. Tampoco digo que como película sea mala en sí misma. Sin duda, tiene todos los ingredientes básicos para convertirse en (de hecho ya lo es) uno de los indiscutibles blockbusters de este verano: acción, comedia, drama, romanticismo, efectos especiales... Si te acercas a ella sin prejuicios, buscando el típico cine "palomitero", de tramas adolescentes y demás, probablemente la disfrutarás bastante. Es entretenida. En serio.

Pero si te consideras un fan mínimamente purista del arácnido más "clásico" (como es mi caso), quizás no lo pases tan bien. Seamos claros: a nivel argumental, e incluso visual, esto es más Ultimate Spider-Man que otra cosa (e incluso más próxima en muchas cosas a la versión de Miles Morales, la versión afroamericana de Spidey).

¿Y qué es exactamente lo que no me gustó? Trataré de resumirlo un poco (y ya os prevengo de que habrá más de un spoiler):

Estaréis de acuerdo conmigo en que gran parte del éxito de los cómics arácnidos (al menos los clásicos) se fundamentó siempre en los recurrentes problemas cotidianos de Peter Parker (dificultades a la hora de relacionarse, económicas, de mala suerte, etc). Pues bien: no he visto mucho de eso por aquí. No he visto al cerebrito inadaptado y blanco habitual de las burlas de sus compañeros (sacando que le llaman un par de veces "Pito" Parker). No he visto al chaval con dificultades monetarias, que tiene que buscarse un hueco como fotógrafo freelance para poder costearse los materiales con que fabricar su traje o sus lanza redes. No. Aquí Tony Stark hace de papá consentidor, dotando al joven estudiante de un traje casi tan tecnológicamente avanzado como su propia armadura de Iron Man. Aún recuerdo cuando, en los extras del primer anual de The Amazing Spider-Man, allá por 1964, Stan Lee, padre literario de la criatura, nos decía aquello de: "Regulando la boca de su lanzatelarañas con un simple movimiento, el Hombre-Araña puede lanzar su fluido de tres modos distintos; como una sutil cuerda increíblemente resistente, como un perfecto surtidor de rápida difusión, o como un líquido denso tremendamente adhesivo". Sin embargo, en esta película dispone de 576 combinaciones posibles del lanzatelarañas. Os lo juro: quinientas setenta y seis. ¡Tócate las narices, Enriqueta!

Este traje lleva más artilugios incorporados que los que exhibía el Inspector Gadget.
Para mí, tales excesos echan por tierra tres cuartas partes del espítitu de lo que debería ser Spider-Man: un héroe urbano y solitario, de limitados recursos que suple siempre tales carencias con valentía, ingenio y perseverancia a prueba de bomba. Por contra, aquí vemos a un aprendiz de Vengador de tercera, que se obsesiona totalmente con demostrar que lo suyo es ser parte de un súper grupo (independientemente de que eso desvirtúe por completo la idea básica de lo que -a mi humilde entender- debería ser el trepamuros). Así que ya lo sabéis, amigos: no esperéis encontrar a J. Jonah Jameson o referencias claras al Daily Bugle, porque BRILLAN POR SU AUSENCIA.

Por otra parte, me revientan los cambios "porque sí". Por ejemplo: Ned Leeds NUNCA estudió con Peter. De hecho, se conocieron varios años después de la etapa de instituto, y más concretamente en la redacción del Bugle (sí, ese lugar que en esta película ni se menciona). Tampoco se puede decir que fueran amigos. Y por cierto: Ned era blanco. Y rubio. Y de ojos azules. No filipino. Y de complexión normal. No obesa. Entre no coger a un actor cien por cien clavado al personaje del cómic y coger a uno que esté en las antípodas físicas del mismo hay un grandísimo trecho. Vamos, que si no es por j**der, parece. Y como digo, por si tales cambios no fueran demasiados, aún lo ponemos a interactuar en una etapa de instituto a la que nunca perteneció. A no ser, claro, que queramos tener a Ganke Lee, el mejor amigo del ya mentado Miles Morales, y en vez de Ganke Lee le llamemos Ned Leeds (que hasta suena sospechosamente parecido).

Ned Leeds de Homecoming, y Ned Leeds original.
¡Ejem! ...sin comentarios.
Y lo mismo ocurre con Betty Brant (quien a la larga, en los cómics acabaría siendo esposa del citado Leeds). Betty jamás estudió con Peter (de hecho era algo mayor que él), y éste la conoció ya como secretaria personal de (el aquí inexistente) Jameson (tal y como reflejó muy acertadamente la trilogía de Raimi). En Homecoming, además de cambiar radicalmente su rol en el universo arácnido, cambian también su aspecto físico hasta convertirla casi en un clon de lo que hubiera debido ser Liz Allan.

¿Hablamos entonces de Liz Allan? Pues veréis: el interés romántico de Peter en esta cinta, en los cómics era blanca y rubia. Pero como en la serie animada The Spectacular Spider-Man era mulata... pues aquí también (con lo fácil que hubiera sido darle su rol a Angourie Rice, a la que, como digo, dieron el papel de una imposible Betty Brant). Finalmente, el trabajo recae en Laura Harrier. Y una vez más, por si tal cambio no fuera bastante, aquí la emparentamos sin el menor rubor con el señor Adrian Toomes (alias el Buitre), hasta el punto de convertirla en... ¡¡¡SU HIJA??????????????????!!! (habrá que pensar que adoptada, porque si no, es que ni el apellido concuerda). Vamos, de locos.

Con Flash Thompson, por desgracia, pasa tres cuartos de lo mismo. Una vez más, es como si los responsables de casting hubieran dicho: "¿Cómo era el Flash de los cómics?, ¿rubio, alto y de complexión atlética?, pues vamos a ver qué es lo más distinto que podemos encontrar. ¿Qué os parece si cogemos a alguien moreno, no muy alto, con aspecto de gitano andaluz o incluso de hindú? ¿Llamamos a Tony Revolori?". Y es de suponer que, una vez planteada la (insólita) cuestión, todos en la sala debieron gritar al unísono: "¡¡¡Sííííí, maravillosooooo, genial idea!!!". Y claro, fue tal la euforia colectiva que lo llamaron de inmediato.


Creo que tanto esfuerzo por ser (o al menos parecer) políticamente correcto respecto al asunto de la diversidad racial está rozando ya el más espantoso de los ridículos (y espera, que aún habrá algún iluminado que me tildará de racista por decir esto...). En fin.

La Tía May... ¿qué más se puede añadir al respecto? En los filmes de Raimi la interpretaba (y muy bien, por cierto) Rosemary Harris. Una actriz perfectamente acorde a la edad y al aspecto físico del personaje. Tras la citada trilogía, llegó el reboot de Marc Webb, y fue excepcionalmente rejuvenecida en la piel de Sally Field (casi 20 años más joven que la anterior). Y aunque para mí ya rozaba el límite de lo razonable, haciendo un pequeño esfuerzo podías llegar a "creerte" que era la tía de Peter, aunque ya se alejara del canon de los cómics más de lo que hubiera sido deseable. Pero es que lo de Marisa Tomei... ¡¡¡ya no tienen nombre!!! Parece (y no exagero lo más mínimo) la hermana mayor del prota. Tanto es así, que el mismo Tony Stark se dedica a tirarle los tejos de vez en cuando. Y yo me pregunto: ¿de verdad esto era necesario? ¿Puede alguien explicarme a qué obedecen tales modificaciones? ¿O es que la inclusión de un "viejo" en una cinta sobre adolescentes no es muy comercial?


Y hablando de tíos: si en apenas una década pasamos de ver la muerte del Tío Ben desde dos perspectivas diferentes (la de Raimi y la de Webb), tened en cuenta que aquí no se dignan a mencionarlo ni siquiera de pasada. Y ojo, que ya no digo su muerte, sino su simple existencia. Como si no hubiese habido un tío jamás (esto ya parece un deja vu de los viejos telefimes del Spider-Man que interpretaba Nicholas Hammond en los 70´s, donde se omitía radicalmente la más leve mención al hombre que enseñó la importantísima lección de responsabilidad al futuro superhéroe). De igual modo, seguimos sin tener el menor dato de su origen, o sea, de como diantres se convirtió en el Hombre-Araña. Ni siquiera en un minúsculo flashback de medio minuto. ¡¡Nada de nada!!

Eso por no mencionar ya las desaprovechadas versiones de villanos como el Conmocionador o el Escorpión, que pasan por ahí en plan cameo extraño, casi de puntillas. No lo entiendo (habrá que pensar que en próximas entregas jugarán un papel un poco más determinante, porque si no... ¡uf!). ¡Menudo desperdicio!

Detalles como los mencionados, sumados a un ritmo narrativo un tanto difuso en ciertos momentos, me sacan de situación constantemente. No puedo evitarlo; hacen que no disfrute la película, o al menos no tanto como debiera, básicamente porque no encuentro en ella al personaje fetiche que me ha vuelto loco desde los 6 ó 7 años. Hay un tipo que se viste como Spider-Man, se mueve como Spider-Man, e incluso responde al nombre de Spider-Man. Cierto. Aún con todo, yo no llego a ver nunca a mi personaje favorito en pantalla. Como mucho, una versión del mismo grotescamente deformada por un espejo de feria. Que triste.

Resumiendo: que como producto de entretenimiento veraniego podría darle un 6. Pero como peli fiel a la esencia de lo que se supone que debiera ser Spider-Man no puedo pasar del 3. Dicho esto, saquen ustedes sus propias conclusiones...

1 comentario:

  1. Excelente crítica y muy bien analizada aunque en la ficha del film los personajes de Ned y Liz constan tan solo como tales, sin los apellidos con los que (como en tu caso) se relacionan con personajes clásicos de la iconografía de Spider-Man. Vamos, que es Ned a secas y Liz a secas (bueno, esta luego se descubre que es Liz Toomes)

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